Soberanía productiva: que la bonanza se quede en las manos que sostienen al sur
Desarrollo

Soberanía productiva: que la bonanza se quede en las manos que sostienen al sur

RBS
Equipo Brillo al SurRegresémosle el Brillo al Sur
06 May 20266 min de lectura

Para el sector empresarial de Othón P. Blanco, José María Morelos y Felipe Carrillo Puerto, la postura es firme: las obras del sur deben ser ejecutadas por las manos y el talento del sur.

Quintana Roo atraviesa un momento de transformación que no admite medias tintas. La llegada de inversiones estratégicas y obras de infraestructura sin precedentes nos pone ante un espejo: o consolidamos un modelo de desarrollo que eche raíces en nuestras comunidades, o repetimos el viejo esquema donde la bonanza solo pasa de largo.

Para el sector empresarial de Othón P. Blanco, José María Morelos y Felipe Carrillo Puerto, la postura es firme: las obras del sur deben ser ejecutadas por las manos y el talento del sur.

La verdadera justicia territorial empieza por reconocer la capacidad de la gente de nuestra propia región. Por décadas, el empresariado local ha sostenido la economía de la región en los tiempos más difíciles, manteniendo empleos y apostando por nuestra tierra cuando nadie más lo hacía. Hoy, que el viento sopla a favor de nuestra región y se anuncian obras y proyectos para el sur, es un acto de congruencia política y económica que el Gobierno del Estado priorice a las constructoras, proveedores y desarrolladores del sur en la contratación de proveedores y procesos de licitación.

Infografía: Soberanía productiva en el sur de Quintana Roo

El valor de la identidad en la ejecución

Existen razones técnicas de peso para exigir esta preferencia. El desarrollo del sur tiene particularidades geográficas, ambientales y sociales que solo quienes habitamos aquí comprendemos a fondo. Un desarrollador del norte, acostumbrado a otras dinámicas de suelo o de relación comunitaria, difícilmente tendrá la misma sensibilidad que un empresario chetumaleño o de la Zona Maya. Nosotros no solo conocemos el terreno; nosotros vivimos en él y somos los primeros interesados en que cada obra sea duradera y respetuosa con nuestro entorno.

Desde el punto de vista económico, el argumento es irrebatible: el efecto multiplicador. Cuando un contrato se queda en una empresa local, el capital circula aquí. Se paga a proveedores de la zona, se consume en comercios locales y el beneficio se queda en las familias del sur. Permitir que empresas foráneas acaparen la obra pública y privada en nuestra región significa, en la práctica, una fuga de capitales que frena nuestro propio crecimiento y perpetúa la brecha de desigualdad que tanto nos ha costado empezar a cerrar.

Justicia social es fortalecer lo local

Alineados al humanismo que hoy rige la política nacional y estatal, entendemos que el crecimiento económico debe ser, ante todo, un motor de bienestar social. Dar preferencia al sector productivo del sur es la vía más rápida para generar empleos dignos y permanentes, evitando que nuestro talento joven se vea obligado a migrar. Es una estrategia de arraigo y de fortalecimiento del tejido social.

Hacemos un llamado respetuoso a las autoridades para que el sur deje de ser visto como un simple espacio de ejecución para empresas del norte. Contamos con la experiencia, la maquinaria y, sobre todo, el compromiso ético para liderar nuestra propia transformación. La autonomía del sur no es solo una cuestión política; es una necesidad económica para garantizar que la prosperidad sea, por primera vez, verdaderamente compartida.

El brillo del sur solo será auténtico si emana de su propia fuerza productiva. Es momento de confiar en los nuestros.

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