Bacalar no es un destino más. La Laguna de los Siete Colores es uno de los ecosistemas acuáticos más únicos del planeta, con estromatolitos milenarios — organismos que son, literalmente, de los primeros seres vivos que existieron en la Tierra — y una transparencia y coloración del agua que no tienen paralelo en el mundo.
El boom turístico y sus consecuencias
En la última década, Bacalar pasó de ser un secreto bien guardado a un destino viral en redes sociales. Las visitas se multiplicaron exponencialmente, y con ellas llegaron también los problemas: contaminación por aguas residuales, construcción sin regulación en las orillas de la laguna, y una presión sobre los servicios locales que la infraestructura existente no podía absorber.
El riesgo es real: si no actuamos con inteligencia, podemos matar la gallina de los huevos de oro. La laguna es el recurso, y si la deterioramos, perdemos todo.
Un modelo diferente es posible
Existen ejemplos alrededor del mundo de destinos que han logrado balancear el turismo con la conservación. Palau, en el Pacífico, cobra un impuesto ambiental a los visitantes que financia la conservación. Costa Rica construyó toda su marca turística sobre la sustentabilidad. Galápagos tiene cuotas estrictas de visitantes.
Para Bacalar, proponemos un modelo que incluya:
- Capacidad de carga científicamente determinada para la laguna y sus accesos
- Certificación obligatoria para operadores turísticos con estándares ambientales
- Inversión en planta de tratamiento de aguas residuales de escala municipal
- Zonificación clara que delimite áreas de uso turístico y áreas de conservación estricta
- Fondos de reinversión local donde parte de los ingresos turísticos regrese a la comunidad
El papel de las comunidades locales
El turismo sustentable no puede ser solo un modelo de negocio para empresas externas con conciencia ecológica. Tiene que ser, fundamentalmente, un vehículo de desarrollo para las comunidades que han vivido junto a la laguna por generaciones.
Eso significa capacitación, acceso a financiamiento, participación en la toma de decisiones sobre el destino, y mecanismos que eviten la gentrificación y el desplazamiento de los pobladores originales.
El tiempo es ahora
Bacalar está en un punto de inflexión. Las decisiones que se tomen en los próximos dos o tres años determinarán si se convierte en un modelo de turismo sustentable para México y el mundo, o si sigue el camino de destinos que se destruyeron a sí mismos por falta de planeación.
Desde Brillo al Sur, hacemos un llamado urgente a las autoridades municipales, al gobierno estatal, al sector empresarial y a la sociedad civil para construir juntos ese plan. La laguna no puede esperar.
