Los proyectos del Barrio Mágico de Chetumal y la Plaza del Faro en Mahahual representan una oportunidad concreta para que la inversión pública genere empleo, proveeduría y derrama económica en una región que necesita recuperar dinamismo. Las empresas locales están listas para participar, pero el reto es que las oportunidades de desarrollo también permanezcan en el territorio.

Existe una discusión que no debería perderse entre cifras y procedimientos de contratación. Las comunidades tienen derecho a participar en el desarrollo de su propio territorio. La obra pública no solo debe cumplir una función de infraestructura, también puede convertirse en empleo, actividad empresarial y oportunidades para quienes viven y trabajan en la región.
El planteamiento de Josué Osmany Palomo, presidente de COPARMEX Chetumal, Bacalar y Mahahual, coloca sobre la mesa una realidad concreta. Empresas locales están preparadas para participar en los proyectos del Barrio Mágico de Chetumal y la Plaza del Faro en Mahahual, cuya inversión conjunta asciende a 137 MDP.
La importancia de estas obras trasciende su construcción. Los registros patronales ante el IMSS reportan una caída de 7% en los puestos de trabajo formales, al pasar de 46 mil 500 a 42 mil plazas en el último año, mientras que, de acuerdo con COPARMEX, la economía informal representa ya 54% de la actividad regional.
Cada oportunidad de inversión adquiere mayor relevancia. El empleo formal significa seguridad social, prestaciones y una economía con mayor capacidad para generar ingresos y sostener servicios públicos.
El planteamiento no es cerrar las puertas a la competencia. Es reconocer que, si se busca fortalecer la economía regional, una mayor parte de la derrama debe quedarse en la región. Las empresas locales conocen el territorio, generan empleos y forman parte de una cadena económica que involucra proveedores, trabajadores, comercios y prestadores de servicios.
Para Mahahual, esta discusión tiene una dimensión particular. El turismo y la inversión forman parte de la base económica que sostiene empleos, servicios y actividad comercial. Una infraestructura turística urbana adecuada puede fortalecer al destino y ampliar sus beneficios hacia distintos sectores, mientras que una mayor actividad económica también permite generar condiciones para atender rezagos y retos ambientales como el sargazo.
Pero la recuperación no puede depender únicamente de la obra pública. Como señala Osmany Palomo Hoil, la inversión privada requiere seguridad, certeza jurídica, instituciones sólidas, reglas claras y una regulación eficiente.
El Barrio Mágico y la Plaza del Faro pueden formar parte de esa recuperación. La oportunidad está en conseguir que la inversión se traduzca también en empleo, proveeduría y oportunidades para quienes han construido su vida y su actividad económica aquí.
El sur no está pidiendo un privilegio. Está reclamando una participación real en el desarrollo de su propio territorio.
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